En este Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, nuestro personal y nuestros voluntarios en todo el mundo se mantienen en solidaridad para poner de relieve el terrible impacto de los conflictos armados en nuestros colegas y en las poblaciones, en especial en los niños.
Las hostilidades brutales a las que asistimos en numerosos conflictos en todo el mundo han puesto de manifiesto una terrible verdad: vivimos en una era de impunidad. Los ataques que matan o hieren a civiles, incluido el personal humanitario y de salud, tienen una frecuencia devastadora.
Sin embargo, a pesar de una condena general, las violaciones graves de las normas de la guerra siguen quedando impunes con demasiada frecuencia.
Este statu quo es vergonzoso y no puede continuar.
En 2023, decenas de miles de civiles fueron asesinados o heridos en conflictos armados. Las muertes de trabajadores humanitarios se duplicaron en comparación con el año anterior. El balance de 2024 —el número de personas muertas, heridas, detenidas y secuestradas— ya es abrumador.
La abrumadora mayoría de los ataques registrados contra trabajadores humanitarios son infligidos al personal local. Las organizaciones dirigidas por mujeres y el personal humanitario femenino enfrentan riesgos específicos y, a menudo, mayores.
El impacto en la salud mental de civiles y trabajadores humanitarios ha alcanzado niveles sin precedentes.
No obstante, las partes en conflicto siguen violando las leyes destinadas a proteger a los civiles, incluidos los trabajadores humanitarios, y los bienes de carácter civil.

Este año, con motivo del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, hacemos un llamado a todos los Estados, las partes en conflictos armados y a toda la comunidad internacional a:
- Poner fin a los ataques contra civiles y tomar medidas activas para protegerlos —así como a las infraestructuras civiles esenciales de las que dependen—.
- Proteger a los trabajadores humanitarios, incluidas las acciones locales y nacionales (personas, locales, bienes), y facilitar su labor, como lo exige la resolución 2730 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada en mayo pasado.
- Exigir responsabilidades a los autores de estos actos. Quienes cometen violaciones del derecho internacional humanitario (DIH) no pueden quedar impunes.
No deberíamos tener que esperar a una cita anual como el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria para recordar a todas las partes en un conflicto armado y a todos los Estados las obligaciones que les incumben en virtud del derecho internacional humanitario.
El respeto al derecho internacional humanitario debe ser cotidiano, sin importar la situación. No es negociable ni admite excepciones.
Es esencial que todas las partes en un conflicto armado y todos los Estados cumplan con sus obligaciones y aprovechen su influencia para garantizar el respeto de las normas de la guerra y reducir al mínimo el sufrimiento humano.
El cumplimiento de estas obligaciones no se limita a simples declaraciones, sino que exige acciones inmediatas y decisivas.
Hacer la vista gorda cuando los trabajadores humanitarios son blanco de ataques solo envalentona a quienes buscan obstaculizar su labor. Esto no hace más que aumentar la inseguridad alimentaria, la desnutrición infantil, los desplazamientos forzados, la propagación de enfermedades infecciosas y otras amenazas. Los efectos inmediatos de estas amenazas no se limitan a las zonas de conflicto, sino que a menudo se extienden mucho más allá.
Seguiremos interviniendo en las crisis humanitarias en todo el mundo, pero la situación exige que adoptemos una postura unida para exigir la protección de nuestro personal, nuestros voluntarios y los civiles a quienes servimos.
Foto: MdM Francia