Desde principios de 2025, más de 44 000 personas han sido expulsadas de sus hogares, como consecuencia de una ofensiva creciente que ha generado la mayor ola de expulsiones desde 1967. Si las cifras hablan por sí solas, detrás de cada número se esconden familias separadas, recuerdos abandonados, una incertidumbre y un agotamiento que se han vuelto constantes. ¿Qué ocurre cuando una comunidad vive entre redadas, bombardeos y restricciones? ¿Qué pasa con la salud mental de quienes pierden no solo su casa, sino también su sensación de seguridad, estabilidad y pertenencia?
El informe de Médicos del Mundo, elaborado entre 2024 y 2025 en distintos campos de personas refugiadas, documenta los efectos psicológicos de la ocupación israelí sobre las personas refugiadas palestinas en Cisjordania. Se basa en datos clínicos y testimonios, y muestra patrones profundos de trauma psicológico que trascienden generaciones y afectan tanto a adultos como a niños y niñas. El análisis incluye evaluaciones, registros de síntomas recurrentes y observaciones longitudinales que permiten identificar tendencias en la evolución del trauma en condiciones de estrés extremo.
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El 98 % de las personas atendidas por nuestro equipo presenta signos graves de angustia
Hipervigilancia constante
En los campos de refugiados de Yenín, Tulkarem y Nur Shams, la vida cotidiana se ha convertido en una cuestión de supervivencia debido a las operaciones militares vinculadas a la presencia militar israelí. Los asaltos ocurren sin aviso previo y de manera continua. Bombardeos, destrucción de infraestructuras, interrupciones en el suministro de bienes básicos, etc.
¿Cómo reconstruir un hogar cuando nada garantiza que seguirá en pie mañana? Los y las profesionales de la salud mental señalan que este tipo de exposición intermitente pero crónica genera ciclos de hipervigilancia, un síntoma frecuente en las personas víctimas de violencia en Cisjordania.
La violencia no solo expulsa a las familias de sus casas, sino que las obliga a vivir en un estado de alerta permanente, un mecanismo psicológico que, mantenido en el tiempo, provoca un evidente agotamiento emocional. Las cifras lo demuestran: el 96 % de las personas atendidas por Médicos del Mundo afirma que la ocupación interfiere en su vida diaria, y el 98 % presenta signos graves de angustia. Todo ello refleja un deterioro acelerado de la salud mental de las personas refugiadas palestinas.
Trauma y transmisión generacional
Los daños psicológicos documentados por Médicos del Mundo son amplios y profundos. Según los datos recopilados durante las segundas visitas psicosociales, el 70 % de las personas presentaba síntomas como desesperanza, estrés crónico, trastornos psicosomáticos o una sensación de impotencia aprendida. Además, el 74 % había enfrentado múltiples episodios violentos en solo cuatro meses. Estos datos revelan un patrón de exposición continua al trauma psicológico que impide el proceso natural de sanación emocional.
En este contexto, surge una pregunta esencial: ¿cómo puede sanar una comunidad cuando no hay seguridad, ni estabilidad, ni tiempo para superar el trauma vivido, especialmente cuando este sigue presente? La presencia militar no solo causa daños inmediatos, sino que también erosiona las condiciones necesarias para la recuperación psicológica. La imposibilidad de sentirse seguro, la amenaza constante, sumadas a la pérdida de seres queridos, del hogar, etc., convierten este trauma en un círculo vicioso difícil de romper.
Este círculo vicioso incluye también una dimensión generacional, es decir, esta situación genera un trauma en el que las experiencias pasadas se entrelazan con la anticipación de daños futuros, produciendo un miedo existencial que pone en riesgo la identidad colectiva palestina y alimenta el trauma generacional.
En este escenario, los niños y las niñas son los más vulnerables. Muchos sufren regresiones, ansiedad severa o una maduración emocional acelerada que los obliga a «crecer antes de tiempo». Sus hogares y escuelas (espacios que deberían ser seguros) son invadidos o destruidos, eliminando así sus refugios físicos y psicológicos.
El sufrimiento causado por la ocupación israelí cumple con los criterios de la tortura psicológica
Las conclusiones del informe sostienen que el sufrimiento causado por la ocupación israelí cumple con los criterios de la tortura psicológica, según los estándares de las Naciones Unidas.
La combinación de agresiones, desplazamientos forzados, devastación del entorno vital y la ausencia de protección genera un sufrimiento continuo que impide a las personas llevar una vida digna. De hecho:
- No hay un lugar seguro donde descansar
- No hay estabilidad para reconstruirse
- No hay tiempo para superar los traumas vividos
Todo esto debilita considerablemente los mecanismos de resiliencia de los que cualquier persona puede disponer.
En este contexto, las recomendaciones de Médicos del Mundo buscan restablecer las condiciones mínimas de dignidad y protección:
- Garantizar el fin de la ocupación de acuerdo con el dictamen consultivo de la CIJ.
- Poner fin a las prácticas que puedan constituir tortura psicológica.
- Restablecer el acceso a la salud mental en Palestina y a la ayuda humanitaria.
- Proteger el mandato de la UNRWA.
- Levantar las restricciones de movimiento que impiden el acceso a los derechos fundamentales.
- ¿Puede haber recuperación psicológica sin justicia, sin libertad y sin garantías de no repetición? El informe afirma claramente que no.
Recuperación psicológica posible solo con el fin de la ocupación
La situación en Cisjordania no es solo una crisis humanitaria, sino también una crisis emocional y psicológica de gran magnitud. La violencia militar de Israel en Cisjordania destruye los hogares y la capacidad de las personas para vivir sin miedo, imaginar un futuro o protegerse de los daños psicológicos y los traumas. Las conclusiones técnicas del informe indican que, sin un entorno seguro y sin el fin de la ocupación israelí, cualquier intervención en materia de salud mental en Cisjordania tiene un alcance limitado.
La recuperación psicológica del pueblo palestino solo será posible con el fin de la ocupación, el respeto a los derechos humanos y el acceso garantizado a la atención en salud, incluidas las intervenciones en salud mental.