UNA RUTA MIGRATORIA ENTRE LAS MÁS PELIGROSAS DEL MUNDO
Cada año, decenas de miles de personas cruzan el Darién, esa selva que separa Colombia de Panamá, con la esperanza de llegar a América del Norte. En 2024, 302 203 migrantes atravesaron esta frontera — una disminución del 41 % en comparación con el año anterior, consecuencia directa de las políticas migratorias más restrictivas adoptadas en Panamá, del cambio de gobierno en Estados Unidos y de la inestabilidad persistente en Venezuela.
Esta desaceleración no significa, sin embargo, una mejora en las condiciones. Todo lo contrario: las personas en tránsito ahora utilizan rutas alternativas, más aisladas y peligrosas, que las exponen a un mayor riesgo de violencia, enfermedades y angustia física y mental. Desde enero de 2025, con la suspensión de varios programas de acogida en Estados Unidos, se acelera un nuevo fenómeno: el éxodo inverso. Cada vez más migrantes, desanimados o expulsados, regresan a su país de origen, a menudo pasando por la costa Atlántica entre Panamá y Colombia.
NECESIDADES HUMANITARIAS APREMIANTES
Los datos de campo recopilados por Médicos del Mundo pintan un panorama preocupante. El 60 % de las personas encuestadas reportan haber vivido una situación de riesgo durante su trayecto migratorio: robos (45 %), violencia física (32 %), violencia sexual (15 %) e intimidaciones (15 %). Casi 8 de cada 10 incidentes ocurren en plena selva, lejos de cualquier ayuda.
Las mujeres y las personas de la comunidad LGBTQ2S+ son especialmente vulnerables: el 63 % de ellas afirman sentirse en peligro durante su tránsito. A pesar de ello, más de 4 de cada 10 personas desconocen los mecanismos existentes para denunciar las violencias sufridas, y cerca del 40 % nunca ha tenido acceso a un espacio seguro para recibir información sobre sus derechos sexuales y reproductivos.
En el ámbito de la salud mental, la angustia es generalizada: incertidumbre (51 %), estrés (43 %), miedo (40 %) y tristeza (36 %) dominan la experiencia emocional de las personas en tránsito, con repercusiones muy concretas — trastornos del sueño (71 %), dolores de cabeza (44 %), aislamiento (10 %).
LA RESPUESTA DE MÉDICOS DEL MUNDO SOBRE EL TERRENO
Ante estas necesidades, los equipos de Médicos del Mundo han adaptado rápidamente su intervención para seguir la evolución de las rutas migratorias, en particular a lo largo de la costa Atlántica, donde ahora transita un número creciente de personas en éxodo inverso.
Se han establecido dos puntos de atención permanentes en Capurganá: el primero en el embarcadero, donde el equipo brinda atención primaria de salud —incluyendo salud sexual y reproductiva y apoyo psicosocial— en coordinación con las autoridades sanitarias colombianas; el segundo en un albergue donde los migrantes pasan la noche antes de continuar su camino hacia Necoclí o Turbo.
A esto se suman clínicas móviles desplegadas en las zonas más inaccesibles de Acandí y Capurganá, que ofrecen atención primaria de salud, servicios de salud sexual y reproductiva, así como acompañamiento en salud mental —tanto para las personas migrantes como para las comunidades de acogida—. Este enfoque permite ampliar la cobertura sanitaria, prevenir brotes de enfermedades y llegar a una población que, de otro modo, quedaría al margen de los servicios de salud institucionales.
Esta respuesta también se enmarca en una lógica de complementariedad: mientras otras organizaciones internacionales se centran en la protección, Médicos del Mundo prioriza la atención primaria de salud y la prevención, garantizando así una cobertura integral de las necesidades a lo largo del trayecto migratorio.
NOMBRAR LA VIOLENCIA PARA ABRIR CAMINO A LA DIGNIDAD
Más allá de la atención física, a veces es una simple conversación la que cambia una trayectoria de vida. Durante una clínica móvil realizada en diciembre, mientras las personas esperaban para recibir atención, el equipo de Médicos del Mundo organizó una sesión de sensibilización sobre violencia basada en género (VBG).
Con la ayuda del violentómetro —una herramienta visual que permite situar diferentes comportamientos en una escala de riesgo, del amarillo («tenga cuidado») al rojo («peligro»)—, las y los participantes fueron invitados a reflexionar colectivamente sobre situaciones cotidianas: humillaciones repetidas, control constante, destrucción de bienes personales. Gestos que a menudo se normalizan comenzaron entonces a revelarse como lo que son: señales de alarma.
Al final del ejercicio, una mujer se acercó al equipo psicológico. Años atrás, había sobrevivido a una agresión física por parte de su expareja. Pero fue al participar en esta actividad cuando pudo reconocer, por primera vez, que su relación actual también incluía formas de violencia más sutiles —que hasta entonces no había logrado identificar—.
Gracias a un enfoque sensible al género, informado sobre el trauma y basado en derechos, el equipo pudo acompañarla: acogida sin prejuicios, validación de su experiencia, herramientas de psicoeducación sobre el ciclo de la violencia, e identificación de sus recursos internos y redes de apoyo.
Para esta mujer, nombrar la violencia fue el primer paso para recuperar su dignidad.
«Esta experiencia muestra cómo, en un contexto humanitario, un espacio de diálogo y una escucha atenta pueden convertirse en un punto de inflexión», señalan Lesly Abuchar y Andrea Aguilar, integrantes del equipo de Médicos del Mundo.
UNA PRESENCIA QUE CONTINÚA
Médicos del Mundo sigue monitoreando la evolución de los flujos migratorios transfronterizos para adaptar su respuesta, al tiempo que mantiene sus servicios de atención primaria de salud en Capurganá. Se está realizando un análisis de necesidades que integra las dimensiones de género y de interseccionalidad, así como el despliegue de nuevas clínicas móviles para llegar a las personas migrantes y a las comunidades de acogida en las zonas más remotas de la región.
Este proyecto, llevado a cabo con el apoyo de Asuntos Globales Canadá, refleja el compromiso de Médicos del Mundo de no dejar a nadie atrás —ni en el ámbito de la salud física ni en el de la dignidad humana—.
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