«No buscamos tener razón, lo que queremos es que el enfoque propuesto responda a las necesidades de la persona».
Para los equipos: una postura humilde y empática
«Como enfermera, cuando cuido a alguien que tiene problemas de consumo, sé que hay una parte de su realidad que nunca podré entender.» nos explica Andréanne, quien interviene en la clínica móvil de Médicos del Mundo. ¿Es un problema? «Está bien.», precisa con dulzura. Al escucharla, se entiende rápidamente por qué: el objetivo no es encontrar soluciones para la persona en lugar de esta, sino más bien escuchar y respetar sus necesidades, su ritmo y sus límites. Estamos lejos de la postura del interviniente que tendría todas las respuestas a los problemas de los demás. «No buscamos tener razón, lo que queremos es que el enfoque propuesto responda a las necesidades de la persona.» Y funciona: escuchar lo que la gente tiene que decir, lo que quieren, «es una muestra de respeto», añade Andréanne. Resultado: «la experiencia del cuidado es mucho más favorable».
«La gente quiere ser visible, existir y ser válida».
Para las personas: respeto y poder
El respeto es un concepto bastante importante cuando se trabaja con personas a las que la sociedad trata con demasiada frecuencia con desprecio —las trabajadoras sexuales, las personas en situación de sinhogarismo o migrantes en situación precaria. «La gente quiere ser visible, existir y ser válida.» cuenta Farin, par en reducción de daños, que trabaja en dúo con Andréanne. Pierre, psicólogo en Médicos del Mundo, resume: «cuando nunca nadie te ha escuchado y por fin alguien lo hace, eso da valor a lo que dices y trabaja en la autoestima». Un ingrediente indispensable para lograr tomar las decisiones que permitirán sentirse mejor.
En resumen, romper el ciclo
Mathieu, navegador indígena, resume bien las cosas: se trata ante todo de co-construir con los usuarios una «caja de herramientas» gracias a la cual será posible finalmente «romper el ciclo de la marginalización. Y paso a paso, sanar la injusticia.